"Promoviendo la Participación Ciudadana"

sd-05

InicioLO MÁS RELEVANTEMéxico País Sin Proyecto

México País Sin Proyecto

Columna del 7 de agosto del 2019

México País Sin Proyecto

Las Ocurrencias Contra las Simulaciones

Jorge Miguel Ramírez Pérezjorgemiguel20180812

 

México nuestro querido y amado país lleva casi 198 años de ser nominativamente independiente. En todos estos años salvo algunas décadas de estabilidad con Díaz y después de Alemán hasta con López Mateos, el país se la ha pasado de una división a otra, en medio de violentas luchas por el poder por el poder mismo, disfrazadas de partidarismos ideológicos: criollos contra gachupines; monarquistas contra republicanos; masones escoceses contra masones yorkinos; federalistas contra centralistas, clericales contra liberales, imperiales contra republicanos; federales contra revolucionarios; revolucionarios contra otros revolucionarios, cristeros contra ateos; los del movimiento contra los de la represión; priístas contra panistas y hoy, chairos contra fifís.

En realidad en la mayoría de los casos los que se lanzaron a la violencia por una de las causas en disputa, también lo hicieron a favor de la que combatieron inicialmente; el mayor ejemplo fue López de Santa Ana, quien repitió su cambio ideológico las veces que le convino. Pero no fue el único, solo el mas cínico.

Todos argumentaron e hicieron lo posible por ser patriotas. ¡Faltaba más!

Ninguno de los numerosos cabecillas de la historia dejó de rasgarse las vestiduras por la patria mexicana, pero nadie, absolutamente nadie de ellos tenía proyecto propio y realista, con excepción de los que se conocen como villanos de la historia: Iturbide, Maximiliano y Porfirio Díaz

Iturbide que siempre fue vencedor militar y genio político, paró en seco la masacre inútil de compatriotas: dejo el país como el tercero mas extenso del mundo, después de Rusia y China. Entendía como prioridad la necesidad de frenar el expansionismo estadounidense, de fortalecer la alianza con Centroamérica, de cultivar nexos con Bolívar, de contener a los rusos por el lado de las Californias que asechaban desde la Alaska entonces todavía en su poder; y a los ingleses en la colindancia de lo que hoy es Canadá y de su rapiña en Belice; a reforzar la relación con las naciones europeas y reestructurar la economía transoceánica que se daba por medio de México. Su pecado: entender al país como potencia independiente.

¡Pero siempre hubo un Vicente Guerrero ignorante y cándido, que tuvo la ocurrencia de ofrecerle "el trono de México" a Joel Poinsette, embajador estadounidense y enemigo número uno de nuestro país!

La caída de Iturbide, sencillamente catapultó los planes de las raquíticas 13 colonias, lo que era entonces Estados Unidos, en menos de 25 años un país de rufians como Dave Crockett, semisalvajes, se adueñaran de más de la mitad de México.

Mas adelante con Maximiliano, el proyecto era crear la mayor potencia occidental con alcances comerciales indiscutibles: los aliados eran Francia, Bélgica y en el centro de Europa, el Imperio Austrohúngaro, que por entonces se componía de lo que hoy son: Austria, Hungría, Chequia, Eslovaquia, Croacia y hasta Eslovenia, de donde es la esposa de Trump. El pecado de Maximiliano fue compadecerse y querer negociar con Juárez, incluso haciéndolo jefe de gobierno, pero éste ya tenía pactada la entrega de Tehuantepec.

Díaz otro que si ganó batallas, quería rearmar a México aliándose con Alemania, abrir negociaciones comerciales serias con Europa y fortalecer las finanzas con las casas francesas. Crear un corredor transístmico en Tehuantepec que uniera los dos océanos; por eso invirtió no solo en la red ferroviaria nacional, jamás agregada posteriormente; sino también en el tren que iría de Puerto México, así le llamó a Coatzacoalcos -con un enfoque geopolítico- en el Golfo, para salir al puerto de Salina Cruz, en el Pacífico: Su pecado: Competir con EUA y su canal, el de Panamá.

Cualquiera de los mencionados era proyecto. Sus opositores nunca demostraron tener alguno, algo medianamente serio. Lo suyo era destruir nada más, de construcción: cero. Lo que traían eran órdenes externas, consignas inconfesables de bloquear los proyectos inmensos, que habrían cambiado la historia del mundo de los últimos doscientos años.

Los que vencieron y que hoy son objeto de veneración, eran rabiosamente envidiosos de los que tenían ideas verdaderas e independientes. Hay que leer la historia, no nada mas las novelas gratuitas del texto que el gobierno entrega. Si alguien obsequia algo generalmente, es porque no sirve o le sirve solamente al que lo regala.

Los demás son o simuladores, que han copiado desde la Constitución y las leyes a Estados Unidos; sus esquemas políticos, sus interpretaciones de género, sus programas sociales y su tecnología depredadora. Aprendiendo hasta maquillar cifras como los itamitas, para endeudar; y que la oligarquía pueda hacer negocios monopólicos de pura saliva; o son chamánicos con acento baturro, que creen en las deidades prehispánicas; sincretistas que le piden permiso a la madre tierra y a los pueblos y espíritus ancestrales, para ejecutar mediante la prueba-error, a ver si pega, las ocurrencias más inverosímiles.

Unos son simuladores y tienen endeudado al país hasta la coronilla. No tienen proyecto lo suyo es aparentar, son defraudadores que les gusta vivir en el extranjero. Allí no saben tampoco que hacer, porque nadie se deja.

Otros estancan la economía falsa, pero que caminaba. Ambos grupos históricos no tienen ni tendrán un proyecto necesario. Porque es imposible comenzar reconstruyendo las glorias perdidas del Anáhuac, como querían Echeverría, la Zuno y López Portillo; ni tampoco se puede caminar en medio de falsedades para quedar bien con los poderes financieros, como Salinas, Zedillo y los demás imitadores que les siguieron.

¡Pobre México tan lejos de Dios y tan cerca de la simulación y la ocurrencia!

A ver si después de tanta confusión, despertamos a perdonarnos y al fin, después de esta larga noche, surjan las ideas.