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Urzúa y los cálculos felices

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Columna del 17 de diciembre del 2018

Urzúa y los cálculos felices

Jorge Miguel Ramírez Pérez

Por fin salió este fin de semana la propuesta de presupuesto que presenta el gobierno de AMLO a través de la Secretaría de Hacienda para el 2019. Este es el último escalón para formarse una idea de lo que puede ser el año que entra; y no es muy diferente de lo que los mercados, es decir magnates y especuladores, esperaban; y no solo ellos, sino también profesionales y trabajadores que pronto se van a quedar en la calle, si es que no lo están a estas alturas.

Algunas dependencias de las que se prometió en aras de la congruencia y de la racionalidad que serían desaparecidas sencillamente se les recortó el gasto, tal es el caso del Consejo de Promoción Turística que contrataba campañas con millonarias sumas, que sus críticos, en un análisis puntual pondrían en duda su eficacia.

Es relevante por ejemplo que a la Secretaría del Medio Ambiente se le redujera el dinero de los contribuyentes, porque sus resultados solamente se podían cuantificar en la numerosa burocracia que ha cobrado bajo ese paraguas, porque sus beneficios a favor del medio ambiente son muy pobres y mas bien han representado una ventanilla de corrupción sofisticada con la figura de estudios y aprobación del impacto ambiental; mientras en todo el país la basura sigue siendo uno de los verdaderos problemas, que nadie se atreve a mencionar con todas sus letras; así como la contaminación de los cuerpos de agua y el saqueo de la riqueza forestal, que dice por cierto López Obrador va a resolver plantando en el sureste árboles frutales y maderables, tarea que suena fácil pero que para que se concrete infiere innumerables dificultades.

En el tema ambiental, me sospecho que se reduce también lamentablemente el dinero para el agua que urge reforzar, por supuesto, de manera diversa a como se ha hecho, en incrementos de burocracia y beneficios a los liderazgos de productores acostumbrados a recibir del gobierno mucho y dar poca cuenta de ello.

Dicen algunas cifras que se va a reducir el 23% casi la quinta parte del gasto de la Secretaría de la Función Pública, dependencia encargada de fincar responsabilidades; lo que en realidad era por debajo del agua un proceso de chantaje, para que los prevaricadores del dinero de los contribuyentes salieran bien librados.

Me recuerda la última administración del CAPFCE, en la época de Zedillo cuando los contralores de la hoy Función Publica, aplicaron el modelo de doble criterio: para los funcionarios de medio pelo de la construcción y administración de esa dependencia, una devolución ínfima a las arcas, a cambio de fuertes cantidades por fuera de lo hurtado y una inhabilitación que tuvo que ser mayor en ese caso escandaloso, en vez de cárcel por varios años; para los peces gordos, en cambio, solo fue una propina jugosa, y se olvidó el caso.

Ese es el esquema que opera hasta la fecha entre los contralores y demás fauna nociva y onerosa. Ojalá se reduzca ese presupuesto en verdad.

Y así por el estilo podrían recortar racionalmente mucho de la burocracia que no ayuda a equilibrar el gasto corriente. Pero no va ser así, el gasto corriente como todos los gobiernos anteriores lo han hecho, se va a incrementar. Esa es la realidad.

El problema lo hemos expresado en nuestros comentarios: no hay una definición mas o menos completa de los objetivos nacionales, parecen ser todos absurdamente de la misma prioridad. Y de esa manera no hay un diseño de la administración pública que sea verdaderamente un instrumento de la definición valorativa de lo que se quiere, mas allá de la pura continuidad rutinaria y de los antiguos programas que lo único que contienen es una motivación para hacer proselitismo político.

Porque para mí, con todo respeto de los redentores sociales, el presupuesto que por cierto subió un elevado 40%, que está destinado a dádivas, es proselitismo político; y no se necesitan intermediarios como dijo López Obrador, él se los quiere dar directamente, para que recuerden de que mano los reciben.

Por eso está bien que por lo menos se le recorte algo a la voracidad de gasto del INE. Es mucho lo que se gasta en lo electoral, tanto para que voten, como para que se haga una gravosísima mecánica operativa del voto.

Un análisis de la propuesta del presupuesto y sus números va ser el tema de la semana; de hecho, las cifras se irán definiendo; aunque en lo general explican lo que quiere el nuevo gobierno. En ese contexto el secretario Urzúa se vio bien en términos generales desde la presentación ante la Comisión de Hacienda, se percibió que es conocedor y ante las dudas, tenía las respuestas a flor de labios. Pareció carente de la religiosidad que los itamitas adoptaban a la adoración del mercado. Se le vio estar consciente de que el capitalismo llegó para quedarse y dejó entrever que no es muy dado a las fantasías económicas.

Sin embargo, creo que Urzúa minimizó el daño de la deuda con los tenedores de bonos del NAICM; la prueba, es que las pretensiones de los inversionistas han escalado en poco tiempo y son un asunto mayor en términos de dinero de los contribuyentes, lamentablemente creo que lo vamos a comprobar pronto.

Otro tema que no me gusta es el manejo de que habrá un superávit directo, expresión que me parece una falacia; es tanto como decir que me sobra algo de dinero, pero sin contar que tengo que pagar los intereses de la tarjeta, de la casa y del coche. Un escapismo que los economistas usan para decir que les falta dinero para cubrir sus compromisos en su totalidad, que en el caso de México son cientos de miles de dólares.

Finalmente tengo mis dudas para que el dólar se sostenga en 20 pesos todo el 2019, ya esta en eso y no termina el año. El factor buena suerte no es elemento de análisis, eso creo, pero desearía que no les vaya mal y puedan terminar lo que inician de las obras propuestas.

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Y todo sin oposición

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Columna geopolítica del 12 de Diciembre del 2018

Y todo sin oposición

Jorge Miguel Ramírez Pérez

Siglos llevan los hombres que aman la libertad y las virtudes políticas, luchando para que no exista un régimen unipersonal. Desde los tiranos de la Magna Grecia, entre ellos los famosos de Siracusa, se constata que el gobierno que ejerce un individuo muy por encima de los demás, es una historia de sufrimiento y terror.

Los reyes que sobrevivieron entendieron contra su voluntad que tenían necesidad de otros, para ejercer el dominio público; los parlamentos fueron los instrumentos iniciales para equilibrar el poder desproporcionado. El razonamiento es simple: las personas cambian radicalmente, o con astucia paulatina, cuando someten a los demás y no hay contrapesos. Las manifestaciones de prepotencia, necedad y arrogancia, son los síntomas que preceden a la enfermedad del poder excesivo.

En México el desequilibrio que favorece al ejecutivo ha sido proverbial, cualquier persona medianamente informada sabe que esto de los equilibrios siempre ha sido una vacilada, los poderes se integran con favoritos que simulan cierta independencia.

Allí está la Unidad de Inteligencia Financiera de la PGR, que se ostentaba como un instrumento de legalidad con nexos internacionales y únicamente, incautó 10 euros y ninguna cuenta bancaria, como declaró Santiago Nieto su actual titular. Seguramente instrucciones de arriba para no actuar. O pueden preguntarse también mis estimados lectores ¿Qué porcentaje de diputados, senadores y jueces llegaron por la voluntad de un solo hombre?

Y nada más falso que la supuesta autonomía de los órganos que la presumen; es bien sabido que a sus integrantes el mandatario en turno, los nombró realmente, mediante sus operadores enredosos.

No solo en el gobierno, sino en el Estado se muestra esa simulación porque partidos, sindicatos y organizaciones se han sometido a apuntalar el desequilibrio como fin principal de su existencia; es más, los negocios no prosperarían sin el padrinazgo del poder desequilibrador; ¿y los medios?, no se diga, han servido en su mayoría, para legitimar las incongruencias, desvirtuando que exista la unicidad de mando, dicen no lo es en realidad, es un espejismo, discurren, que la gente se confunde, porque desconocen las leyes, que dicho sea de paso, perpetran con finura y a lo burdo, esa convicción equivocada de darle toda la manga ancha al que manda.

Eso y mucho más ha sucedido en nuestro país, al grado de que se entiende que en cada trasmisión de poder presidencial hay arreglos que afectan de manera determinante a los ciudadanos, y sin embargo se llevan a cabo puntualmente. Una mano lava la otra, como sucede ahora; y el dizque pueblo: bien, gracias. ¿Su destino? ser carne de consultas mal paridas.

Pero lo que es cierto es que nunca como ahora se ha consolidado excesivamente el poder personal del Presidente, que junto con un congreso aplanadora, arrincona a todo
aquél que ose oponérseles. Y es que hoy, da la casualidad que no hay forma, ni intención porque no existe una oposición real.

El PRI no significa ya nada, se desvaneció en su pasado pletórico de abusos y desprestigio y con el arreglo para que no se "barra para atrás", esculpieron su lápida.

En el papel de corifeos están todos los partidos de un solo hombre o una sola mujer, buscando servir de comparsas al Morena; la muestra, el indefinido Velasco Coello, lo mismo es amigo íntimo de Peña, que de López Obrador.

Del PAN, no se tienen noticias en el tema. Se sabe que cambió a otro dirigente que no tiene estatura política nacional, con los mismos atributos que tiene un personaje sin discurso, sin mas proyecto que el personal de seguir en las plurinominales, apuntalando de facto al régimen en curso, integrando cuotas en sus direcciones sin incluir ningún ingrediente político.

Imagínese que la bancada azul dice que se van a encargar de que el Presidente Obrador cumpla sus promesas. No pudo el tabasqueño encontrar mejores colaboradores, que le instan a seguir con ahínco su programa. Los panistas en una acto de confusión política apoyan las promesas de Obrador.

Una oposición verdadera le interesaría todo, menos exigir el cumplimiento de los planes de quien se supone son críticos. El PAN convertido en la vanguardia de la morenada, ¿cuánto cree usted que vale?

Por allá, asechando a los incautos con la magia del dinero que se proveyeron de la manera que "haiga sido como haiga sido", los Calderón quieren ya en enero, sobre los restos de lo que pudieron dividir del PAN, su partido populista color rosa mexicano.

Su plataforma dicen es: "a partir de la nada"; con la palabra clave para jalar borregos: "vamos.." ¿a dónde? no importa, a la nada. Pueden completar más incongruencias porque les queda mucho odio contra Anaya, el del discurso que nunca cambió y que no pudo ser opción contra la dupla Obrador-Peña, por sus pecadillos ocultos.

Así está México evidentemente huérfano sin una oposición integradora, con muchos que se aferran a los privilegios, sin ideas, sin operación política mientras la cuenta internacional se abulta cada día con números rojos fatales; indefenso ante la oligarquía en su carácter de grupo asesor económico de la presidencia, el cuerpo de magnates que están prestos a pegarle a las clases medias e inexplicablemente al consumo.

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Errores reales o a propósito

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Columna del 10 de diciembre del 2018

Errores reales o a propósito

Jorge Miguel Ramírez Pérez

Existen muchos mitos e ideas erróneas que en México se creen con firmeza; uno de esos mitos muy arraigado es el concerniente a suponer que cualquiera puede trabajar en el gobierno, y lo que es peor, se especula, que cualquier persona bien intencionada puede dirigir una nación, una escuela o un proyecto; que todo es cosa de voluntad, de echarle ganas y sobre todo de conseguir un padrino que habilite mágicamente a cualquiera, para hacer lo que jamás ha hecho o si lo ha hecho, aunque sea de manera esporádica y en niveles inferiores de lo que aspira a manejar, se le acredite capacidad porque la ley no excluye en general a los ciudadanos a ocupar un puesto.

El ejemplo mas sobresaliente es la presidencia de México, sus requisitos formales son pocos: de acuerdo con el artículo 82 de la Constitución se requiere: ser ciudadano mexicano por nacimiento, en pleno goce de sus derechos, hijo de padre o madre mexicanos, haber residido en el país al menos durante veinte años, y tener 35 años cumplidos al tiempo de la elección. Millones de mexicanos cumplen esos requisitos repito, formales.

Sin embargo en la práctica para ser presidente se necesita mucho más que eso: experiencia, conocimientos a fondo de la materia y, sobretodo, sentido común, es decir, congruencia, pensar y actuar de manera ordenada, responsable y lógica de lo que se espera.

Eso no ha sucedido con la frecuencia que se quisiera y me parece que en el pasado se ve que el sentido común es un bien escaso, veamos rápidamente: Díaz Ordáz debió buscar acuerdos con los fáciles puntos que planteaban los estudiantes; Echeverría engrosó la burocracia y endeudó al país para solventar el gasto corriente; López Portillo pudo ser cauteloso para pregonar a México como potencia petrolera; De la Madrid, no debió meter tantos improvisados en el gobierno; Salinas le entró a los beneficios de la privatización; por principios, Zedillo no debió obligar al pueblo a absorver una deuda privada, que significó el FOBAPROA; Fox estaba obligado a tener un proyecto democratizador de amplio espectro; Calderón debió escuchar a asesores profesionales no a sus parientes e incondicionales; Peña hubiera metido a la cárcel a los gobernadores que le afectaron fatalmente y López Obrador... necesita un plan estratégico para operarlo políticamente, no uno que le puede quitar el poder real.

Porque la propuesta de reducir los salarios a la burocracia dorada, como se le dice a los mandos superiores y a la de los llamados poderes autónomos, que no le dan cuenta a nadie, debió operarse políticamente, bajo un método de esa envergadura; como es: un injustificable daño mayor a las finanzas públicas perpretado por Fox, con el pésimo y privilegiado servicio civil de carrera y por Calderón y Peña que llenaron de improvisados y atlacomulcas las nóminas de la administración pública.... Y después, ya con los pelos de la burra, irse en contra de los ventajosos magistrados y ministros, que muchos, me consta, son de consigna.

De nada le sirvió a López Obrador haberle dado un puesto como es Gobernación, a una persona que no entiende esa función, porque actúa como activista de género, como es la señora Sánchez, que todos suponíamos habría ofrecido someter políticamente a los cuerpos privilegiados de donde pertenece. Ni siquiera supo aconsejarle.

Lo mismo otras decisones prematuras como son la de intentar despojar unilateralmente del poder a los gobernadores con los que debía tener un agarrón real, a través de un proyecto político de equilibrios, con aliados sopesados y no solo empezar a aflojar y terminar cediendo, porque la simpleza de los superdegados es un esquema débil, para imponer gobernadores morenistas. Van acabar en algo peor.

Es un rollo viejo que hizo Salinas desde De la Madrid, cuando los delegados de Programación y Presupuesto eran los súperdelegados. Eso no le dio poder, sino ventajas circusntanciales, que se revirtieron, acarreó el odio de los poderes locales y de las demás burocracias, al grado que a la hora de la elección ni los del PRI votaron por el antes innombrable, hoy imitable Salinas.

Lo de las comisiones bancarias abusivas muy mal operado, es más, están garantizadas de parte de López Obrador a ser intocables por lo menos tres años; y ¿lo del fuero, apá? quedó igual, sencillamente lo operó el verborréico de Pablo Gómez, que por años, no dejaba escuchar las clases, ni en Derecho, ni en Ciencias Políticas y por supuesto en Economía de la UNAM, diciendo tonterías a todo volúmen, hoy las hace. No sabe negociar después de tantos años de vagancia política.

Son más los errores que parecen a propósito como la cascada de beneficios a Lozoya y a los exfuncionarios que salen de prisión sin más explicación que un mar de contadicciones. Hoy mismo se anuncian beneficios para Horacio Duarte. En los hechos, lograron más con López Obrador que con Peña.

Y no me voy a referir al FOBAPROA de hoy, la deuda del NAIM, del que se van a pagar miles de millones de dólares a cambio de nada tangible; siquiera Zedilló atracó a México y se benficiaron sus amigos, entre ellos Alfonso Romo, actualmente flamante Jefe de Gabinete; pero lo de hoy es de párvulos: imaginarse que los compromisos con el sistema real del capitalismo mundial, se nulifican con discursos, seudo consultas y regalándoles dinero. No se sabe si reir o llorar.

Y se van sin ser investigados los causantes originales de las improvisaciones costosas, porque ni una palabra de una auditoría a nadie, ni a nada del NAIM. Y los beneficiarios de la obra, no solo no van a rendir cuentas, sino los convirtieron en asesores económicos, ¿quiere más hechos, mi estimado lector?

Porque ese es el esfuerzo: regalar dinero al que más tiene, a costa de las clases medias y el consumo; faltaba más; ahí está el programa de becarios, que le pusieron un nombre rimbombante de jóvenes construyendo el futuro, pero no se dice que es el futuro de las 270 empresas de la oligarquía, a quienes se destinan los benficios de sus nóminas, y no los talleres y pequeñas empresas que se prometieron, porque es mejor una lista de los empresarios ricos, que buscar talleres donde pudieran ser aprendices los que no quieren trabajar. ¿O miento?

Fines aparentemente buenos, mal operados y proyectos con alcance internacional, sin sentido común. La pregunta: ¿Hay incapacidad o es a propósito la burla histórica?

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Un discurso y un baño de agua helada

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Columna del 3 de diciembre del 2018

Un discurso y un baño de agua helada

Jorge Miguel Ramírez Pérez

Primero le dio un breve pero inusitado agradecimiento, como cuando alguien le dice a otro "respetuosamente", pero acto seguido le lanza una mentada. Así le sucedió a Enrique Peña Nieto, que fue el negro de la escena, o si usted quiere, el blanco de los ataques que le propinó López Obrador, por cierto ganados a pulso. Peña no solo se llevó la reprobación moral propia, sino cargó la de sus antecesores de pasada, a quienes el recién abanderado señaló como operadores de una democracia falsa.

López Obrador habló al principio sobre el retroceso económico del país con base en números. Se refirió al crecimiento lento desde los sesentas. El diagnóstico de los errores de mala leche, fue lo mejor que se le ha escuchado: claro y secuencial; independientemente que todo lo englobó en el llevado y traído "neoliberalismo", al que le achacó los males de México de los últimos 36 años, incluyendo la corrupción como si hubiera surgido en esa época, la que señaló, como el mayor escollo para que las cosas mejoren.

En esa parte muchos coincidimos sobre todo porque es inconcebible que con los ingresos que se tuvieron por el petróleo y la bonanza financiera derivada, en especial durante la primera década del milenio actual, de todas maneras se haya endeudado al país y no se hubiera podido avanzar en coberturas reales de salud, educación de calidad o infraestructura; en cambio, si hubo un franco desplome en el tema de la seguridad.

Ese análisis sin embargo no fue imparcial, Se omitió que el desmantelamiento del PRI como un todo, fue muy costoso hasta la fecha se carga y que las reformas para impulsar al país al desarrollo agarraron los pésimos atajos de hacer un capitalismo solo para los cuates. Error grave.

Se idealizó el desarrollo estabilizador que tuvo la ventaja de ser un proyecto cobijado bajo la guerra fría.; porque el presidente de México no dijo que cuando el país manejaba una buen parte de la economía nacional antes de la era "neoliberal", también hubo una tremenda corrupción en las empresas paraestatales, que hacían incosteable sostener ese tipo de régimen; allí están entre todas, la CONASUPO con sus importaciones de grano de Iowa, LICONSA con la importación de leche canadiense o DICONSA, la distribuidora al menudeo de productos de uso popular, que no solo estaban quebradas, sino que en esos aparatos voraces se daban todas las formas de corrupción y abuso. Eso sin hablar de los negocios insaciables de siempre en PEMEX, CFE, el IMSS o las aduanas.

México tenía en los años que ponderó López Obrador, una clase burocrática ventajosa e ignorante, una que confundía que lo que era bueno para ellos, debía ser bueno para el país.

EL gobierno tenía bancos, fábricas de bicicletas y refrigeradores; de fertilizantes y una gama de opciones para derrochar el dinero. Los gerentes regionales importantes del Banco Rural (Banrural), tenían sus propios aviones y viáticos en exceso; un ayudante de MacNamara que era el director del Banco Mundial en esa época, después de una reunión de evaluación que se realizó en Cancún, me comentó que era lamentable que tirara México, el dinero simulando. Entonces como ahora, no tenía rumbo el país.

El desastre de los doce años que mencionó superficialmente López Obrador: los primeros seis de Echeverría que inició escalando el endeudamiento, brindando con aguas de sabores y los otros, en los que siguió López Portillo bajo caprichos personales; fueron funestos para la economía.

México empezó a padecer con toda su fuerza, el daño de una planta oficial improductiva subsidiada por divisas, que cubrían el gasto corriente y no había ninguna perspectiva que pudiera aliviar en el horizonte al país, sus condiciones de empobrecimiento. Solo quedó el camino de deshacerse de tanto órgano oneroso para hacer la carga menos pesada.

En lo dicho por López Obrador el sábado, se deduce que el último presidente que la libró fue Díaz Ordaz, no lo dijo con las letras porque es un pecado reconocerlo; a él se le achaca la represión del movimiento estudiantil, en realidad fue una asonada fraguada desde las oficinas de su sucesor: Luis Echeverría.

Los 36 años, desde Miguel de la Madrid hasta Peña Nieto no fueron una etapa en la que la corrupción se haya instaurado, sino que fueron los años en los que la corrupción alcanzó paulatinamente su desnudez; ya sin la hipocresía de los gobiernos anteriores, que escondían en la "mística revolucionaria" sus raterías, sencillamente el cinismo imperó.

Por eso un gran porcentaje votó por López Obrador cuando agarró esa bandera, porque la corrupción saltaba por los poros. El colmo fue la protección abierta de Peña Nieto a los gobernadores. Y cuando se dejó en duda la honestidad de Anaya, la gente que estaba en contra de la corrupción, optó por el ahora ganador.

Así que lo del perdón a Peña y a los demás, no es cierto. En primera no es opcional actuar en contra de quienes han cometido delitos; si así fuera, para que sirve el gobierno. En segundo lugar el baño de agua helada que recibió Peña, no fue el castigo por sus abusos, fue un juicio sumario en cadena nacional para exhibirlo; y pedir su cabeza en marzo como le dijo a Azucena Uresti, bajo una figura de consulta que más bien es de ratificación tumultuaria de un hecho ya decidido de antemano.

Por eso se explica la medalla que dio Peña a Jared Kuchner, para comprometer al suegro para que pida clemencia para el premiador.

Lo demás del discurso de López Obrador fueron deseos que emocionan a muchos, no tanto a los que saben que hay cosas que no se pueden y menos, a acudir a espantar con radicalizar los asuntos. Me recordó el memorable discurso de López Portillo que sonó sincero y le duró para los tres primeros años, después las pasiones propias del oficio, rebasaron el orden inicialmente prometido.

Las promesas desde la campaña se volvieron a ratificar incluso con la parafernalia de los ritos paganos, mucha teatralidad, faltó un sacrifico en ese improvisado templo mayor. Muchos dudan del rumbo de la economía porque los ajustes del dinero no dan para lo que se propone López Obrador, bastaba ver la cara de angustia del secretario Urzúa.

Con todo, son más los que quieren formarse en las filas de los apoyos, quieren ver si ahora si les toca. Y finalmente de todas maneras, si no ponemos de nuestra parte no va haber proyecto que valga.

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